Jornada eGovernment 2.0 de la W3C
El lunes (8 de junio) tuve ocasión de asistir a la Jornada titulada “e-Goverment 2.0: Hacia una administración 2.0“, a cargo de José M. Alonso (W3C/CTIC).
Como he tenido anteriormente ocasión de asomarme a iniciativas comunitarias y nacionales de Administración Electrónica, tenía mucha curiosidad por conocer la “visión” que la W3C puede aportar en este sentido.
Estoy convencido del tremendo valor aportado por la W3C en el avance de Internet y su impacto social, pero habiendo vivido años atrás las tremendas discrepancias culturales que ciertas iniciativas pueden dejar al descubierto (el marco de estándares y régimen jurídico paralelo para la garantía de la privacidad es un ejemplo conocido), me consta que algunos ámbitos exigen un enfoque de mínimos.
Con ello en mente, ya tenía claro que la W3C puede jugar un importante papel en el uso de estándares para la interoperabilidad o la monitorización de servicios públicos interactivos (sumados sus inmensos logros en el campo de la accesibilidad). Ahora bien, ¿Qué salió allí?
Tres temas principales: Estándares abiertos, Participación y Transparencia y Open Government Data.
De ello, yendo al grano y buscando elementos de “nueva aportación”, me centro en tres cosas, surgidas de la propia presentación o la discusión que siguió a la misma:
- La Administración debe responder a la tendencia de Internet hacia un medio eminentemente social (cada vez son más importantes las aportaciones del cojunto de participantes en el medio). Resulta crucial involucrar al usuario y hacer uso de herramientas colaborativas (aquí salió una vez más el muy buen ejemplo de FixMyStreet).
- El desafío de la “autoridad detrás de la información” en un mundo de reciclaje constante de la misma (con aportaciones de autoridad dudosa en sí mismas) puede resolverse mediante algún sistema de certificación de procedencia o integridad. Resulta interesante explorar esta avenida de cara a la inminente apertura de información pública al calor de la Ley 37/2007.
- Precisamente sobre este último punto, se resaltó la necesidad de dejar de pensar en “portales” de experiencia cerrada y pasar a pensar en contenidos y aplicativos de libre disposición para dejar a la iniciativa privada la aplicación de nuevos modelos a su explotación por parte de la ciudadanía.
Mi conclusión: El Open Government presenta un desafío mucho más serio para los gobiernos que arranca en la puesta a disposición de sus datos, pero a continuación pasa por abrir sus iniciativas al escrutinio de la ciudadanía e introducir un elemento de democratización tremendamente disruptor (y, a mi juicio, tremendamente positivo). Mi duda aquí es la de siempre: ¿Será necesario un relevo generacional para que los cargos políticos se atrevan a lanzarse a esta prometedora piscina?
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Publicado el 10/06/2009 en la categoría General.